Mi experiencia en la Graval Road 2025

Article publicat originalment en espanyol per al Blog de Construyendo Ultraciclismo; https://construyendoultraciclismo.com/blog/

ULTRACICLISMECRÒNIQUES

Josep

3/14/202612 min read

¿CÓMO LLEGUÉ A LA LÍNEA DE SALIDA?

Mi año deportivo 2025 empezó por los suelos: no me presenté a dos pruebas de trail en las que estaba inscrito: la Marató de les Useres y la codiciada Marató i Mitja del Penyagolosa.

No conseguía encontrar la motivación y lo que debía ser un proceso de entrenamiento y carreras a las que iba con amigos se volvió una carga. Me costaba salir a entrenar, me quedaba en el sofá dándole vueltas a la cabeza y aferrándome a excusas para no hacerlo.


Así que finalmente, a 3 días del maratón decidí que no correría nada y que me liberaba de esos objetivos que me había impuesto.

¿Y ahora qué? Tengo que buscar algo que me guste, que me devuelva las ganas de entrenar...


Echando un vistazo al Instagram vi que Andrei, el creador de la GRAVAL, había sacado un recorrido de carretera en formato autosuficiencia: la Graval Road. 600 km y 11000 metros de desnivel positivo. Anteriormente ya había corrido las versiones Graval Bikepacking Adventure de 400km y la Extrem, de 800k y tengo un aprecio especial por esta organización.

Andrei y Giulia son una pareja de valencianos que se han echado la manta a la cabeza y llevan unos años organizando pruebas en las que vuelcan todo su cariño y su amor por el territorio. Visitad su web porque este año han doblado la apuesta con la Iberian Road que cruzará la península de Santiago a València.


Las pruebas Graval salen siempre de València y recorren territorios de Alicante, Albacete, Cuenca, Teruel, Castellón,... Poca población, carreteras y caminos solitarios, paisajes tremendos, cañones fluviales, picos de 2000m,... ¿A quién no le va a gustar? Que decía aquella.


El 2 de Mayo, desde la icónica Ciutat de les Arts i les Ciències, en el antiguo lecho del Turia, 25 riders íbamos a comenzar nuestra aventura en esa primera edición.


¿Qué pinta un tío que en 5 meses lleva tan sólo 1600 kms pedaleados en el inicio de una ruta de 600km del tirón? Seguramente poco, pero la perspectiva de pedalear hasta alcanzar ese estado de abstracción, ese punto en el que ya dejas de mirar los kilómetros y el reloj, hasta que los pensamientos se pierden entre barrancos y montañas... ¡Eso! ¡Eso es lo que a mí me gusta! Y en eso encontró este tío la motivación.




SALIDA DESDE VALÈNCIA

Y el día de la salida llegó.

Como siempre, en este pequeño mundillo, una de las mejores cosas es reencontrarse con los amigos ultraciclistas: allí estaba Aleix, de Cal Mangol; Ester y Susana, una pareja de aventureras valencianas y otros colegas del colectivo Bikepacking Gathering y conocidos de Instagram que aún no había visto en persona.

A las 5 de la mañana salimos hacia la Albufera, esa laguna gigante repleta de arrozales y aves migratorias al sur del Cap i Casal. Pronto se formó un gran pelotón por las carreteras del Saler, en lo que parecía una carrera de 3 horas, puesto que fuimos las dos primeras horas a 35 km/h de media. Íbamos atravesando los campos y las acequias, de noche, con ese subidón de adrenalina que te da empezar una prueba de estas, cuando sabes que por delante te quedan decenas de horas de aventura.

Un momento icónico fue cuando a Jonas, un percherón suizo acoplado en su Standert de acero, le salió volando un bidón en el km 20. Algunos le avisaron, pero él simplemente se giró y levantó los hombros como diciendo: me la suda, ya me apaño. Y ni se paró a recogerlo por no perder la cabeza de la prueba. Algunos del grupo nos miramos entre nosotros, flipando: ¿quién afronta una prueba de 600km nonstop perdiendo un bidón de salida y no se para a por él? Un loco o un maestro; o ambas cosas. Spoiler: Jonas llegó el primero y paró muy, muy poco.


Llegaron los primeros puertos, y la cosa se animó aún más. Era una mañana húmeda y de niebla, y aún con los focos encendidos, subíamos en grupo al Balcó de Montroi: íbamos varios suizos, franceses, algunos compañeros de Euskadi y una decena más de insensatos ibéricos intentando no perder el tren. Pero en la primera bajada seria, los de delante se tiraron "a pecho descubierto" contra el frío y la lluvia. Vi pararse a Víctor, un chico de Buñol, a ponerse el chubasquero arriba del puerto. Yo dudaba, no quería perder a los primeros; me tiré para abajo pero a las dos curvas decidí pararme en el arcén y abrigarme también; no es muy inteligente mojarse hasta los huesos en el inicio de una ruta así.

Fui un rato sólo, disfrutando de paisajes preciosos del interior de València y poco antes de Dos Aguas, me recogió Víctor por detrás. No le conocía, pero ya le había visto por las redes y nos pusimos a charlar. En un bar de Dos Aguas paramos juntos a tomarnos una Coca-Cola y continuamos, mientras chispeaba, hacia el primer Checkpoint, Cortes de Pallás. En esta zona atravesamos uno de los lugares más sorpendentes y bonitos del track, el Alto de Otonel: por una carretera que es como si no perteneciese a ese lugar. Donde esperarías que hubiera una pista típica de montaña, hay una carretera perfectamente asfaltada, sin nada de tráfico, que como una serpiente se desliza por los montes pelados salpicados de pequeños núcleos de pinos; yo estaba flipando, aquello era una pasada! Mi nuevo compañero me explicó que aquella carretera en medio del monte estaba tan arreglada porque formaba parte de un plan de evacuación de la zona en el caso de un accidente nuclear de la cercana central de Cofrentes. Desde ese paisaje seco, rocoso, pelado, se empezaba a ver el Xúquer (o Júcar), encañonado allí al fondo, tan azul, y sus embalses... había tanta agua! Rodeados de agua por todos lados y tras una bajada absolutamente espectacular, llegamos al CP1 en Cortes, km 105.

No paramos. Seguimos pedaleando y charlando; Víctor, que conocía la zona, me iba haciendo de guía y me explicaba aventuras que había vivido por aquellos montes y embalses. Era un lujo haberme enganchado con este hombre, tenía compañía, apoyo e info del trazado gracias a sus conocimientos. Del siguiente tramo sólo tengo el recuerdo de una conversación que se extendía por decenas de kilómetros; en Cofrentes, paramos a reponer agua y echar carbohidratos en los bidones y dijimos: venga, ya llevamos una jornada laboral pedaleada, 8h. Aquí sólo pedaleábamos y pedaleábamos y poco a poco fuimos perfilando la parada grande que haríamos para comer. Durante una bajada, mi compañero pinchó al rajar la cubierta. Estuvimos unos minutos reparando el pinchazo y aunque él me animaba a irme sin él y a seguir mi camino, yo preferí ayudarlo, esperarlo y seguir compartiendo la aventura, ya que me encontraba muy agusto con él y sinceramente, temía que yendo sólo, pudiera sufrir más mental y físicamente, dado mi escaso estado de entrenamiento y la dureza de la parte central del track, que haríamos durante la noche.

Aprovechándome, una vez más, de los conocimientos y la buena planificación de Víctor, fui conducido hasta el Mercadona de Utiel (km 205), lugar donde ingerimos montañas de calorías en forma de macarrones, Coca-Cola, arroces con leche, cafés... fuimos al baño y nos aprovisionamos con otras tantas cosas para nuestro viaje hacia el imponente Pico del Buitre.

LA PRIMERA TARDE - LA PLANA DE UTIEL Y LA SERRANÍA

El Pico del Buitre, en el km 315, era nuestro objetivo del dia; queríamos coronarlo para la hora de la cena, como hito motivacional y también logístico, pues en la despoblada provincia de Teruel, de noche, las posibilidades de avituallamiento son muy limitadas.

Pero aún faltaba bastante para eso, y ya sabéis que las distancias engañan y que después de pegarse un buen atracón, vienen los bajones y esas zonas de la Plana de Utiel y de la Serranía pueden convertirse en una tortura. Como siempre que pedaleas con compañía y las horas se suceden ya sin ninguna medida, hay ratos de silencio, de dificultad, de pesadez, bien por parte de uno, o bien por parte del otro.

Atravesamos el CP2, en el km 240, situado en el Embalse de Benagéber y con la subida a la Mataparda, desde donde vas viendo el pantano a medida que subes; es un puerto muy chulo.


Al pasar por Chelva, cogimos agua en una fuente, un agua que me pareció de las mejores que había bebido nunca, ¡qué sed que tenía! Valía la pena beber y comerse algo, ya que íbamos a encarar el puerto del Remedio, que fue brutal y precioso, os lo recomiendo. Allí pasamos calor y nos tocó apretar las piernas para subir sus rampas, que vinieron seguidas de otros 30 km que picaban para arriba en dirección a Arcos de las Salinas.



LA NOCHE: JAVALAMBRE Y SIERRA DE GÚDAR


En el pequeño pueblo que guarda la entrada al macizo de Javalambre, paramos en el bar y tomándonos un refresco, le pedimos al dueño que por favor nos guardase las bolsas de bikepacking y que nos preparase un par de bocatas por cabeza para dentro de un rato, ya que el Pico del Buitre había que subirlo y bajarlo por el mismo sitio. Nos miró raro y nos alertó de que, para subir al observatorio, habían 1000 metros de desnivel. Ya, ya...

La subida, es dura, no puede ser de otra manera; además, a medida que subíamos, la niebla se iba apoderando del ambiente, al tiempo que la vegetación se iba volviendo cada vez más escasa, dando paso al paisaje lunar de Javalambre, con sus lomas rocosas recubiertas de sabinas rastreras. Inconfundible. Subiendo nos cruzamos con el grupo de los vascos, que ya bajaban y que se quedarían en un apartamento al pie de la subida a pasar la noche. En la cima, al pie del megatelescopio desde donde se deben ver las estrellas por millones, coincidimos con Anthony y nos echamos una foto, felices. Ahora sólo quedaba bajar y reponer fuerzas.

En el bar ya se juntaban bastantes locales o con algunos ultraciclistas sudorosos y hambrientos. Algunos curiosos, al vernos con aquellas pintas, se atrevieron a preguntarnos, y claro, fliparon cuando les dijimos que veníamos de València pedaleando 300kms y que nos quedaban otros tantos. Cenamos unos bocatas y seguimos. Víctor, Anthony y yo salimos de noche en dirección a la autovía Mudéjar y a la siguiente sierra, la de Gúdar. Por el camino nos dejamos al compañero francés, antes de Manzanera y fuimos bastante tranquilos, mas o menos llaneando, hasta Mora de Rubielos (CP4, km 380). Allí ya empezaba el encadenado de los puertos de San Rafael y Valdelinares, que nos subían hasta los 1900 msnm otra vez, en la segunda subida más gorda del recorrido.

Víctor, que el mes siguiente participaba en la Transpyrinees, decidió hacer una parada para descansar en Mora, pues quería probar a dormir en vivac, creo que en un parque. Hacía frío, humedad, y yo no tenía ganas de parar aún; como cuando hacía los deberes del colegio de pequeño, mi filosofía es que más vale quitarse lo más difícil de encima en primer lugar, así que mi objetivo era superar el alto donde se encuentran las pistas de esquí de Valdelinares. Después de eso, ya todo sería más favorable y empezaría a pensar en mi parada para dormir. Después supe que Víctor pasó bastante frío allí intentando descansar y que a la mañana siguiente tuvo que retirarse al rebentar definitivamente la cámara debido a la raja que hizo en el neumático el dia anterior.


La madrugada transcurrió entre pinos y los montes de Gúdar, en total solitud. Tuve una batalla con la máquina de café de la Virgen de la Vega, donde aquel cacharro se negó a ponerme el café cortado que le había pedido. ¡Me debes 1,5€!. Al final me comí un sándwich caliente húmedo e insípido de la máquina de al lado y afronté la subida a pistas. Recuerdo que tuve que tirar de trucos mentales para hacer más llevadero el puerto: contaba hasta 100 pedaladas de pie, me sentaba, contaba otras 100 pedaladas, me levantaba... así hasta arriba. ¡Por fin! Ahora bajadón de 15 km hasta Linares. Siuuuu.

El puerto de Linares, en el track, al lado de los otros colosos, no parecía nada. Pero como siempre, lo subestimé y luego me cabreé subiéndolo. Cosas que pasan. Ya llevaba unas 20 horas en marcha y el cerebro ya empezaba a funcionar a ritmo de Windows 95. Como estas tierras del Maestrazgo son tan próximas a mi casa, sabía que ahora venía un tramo bastante favorable hasta Puertomingalvo y luego una larga bajada hasta Villahermosa del Río, ya entrando en tierras de Castelló, en lo que era el último tercio de recorrido. Después de esa bajada ya inconscientemente iba mirando cada masía, cada cruce o entrador de la carretera, buscando un sitio cómodo donde echarme a descansar un rato.

Es buena estrategia echarse a dormir allá a las 5 de la mañana, así te despiertas con los primeros rayos del sol y la explosión de cantos de los pájaros. Encontré un pequeño pinar debajo de la carretera, allí desplegué mi funda de vivac, puse a cargar los cacharros en la powerbank y me comí medio bocadillo de tortilla de jamón que traía desde Arcos. La alarma la puse para dentro de 1h 15min; pasado ese tiempo me desperté todo empapado por la condensación del plástico del vivac, medio resacoso pero sorprendentemente descansado, me comí de mala gana la tortilla que quedaba (el pan era un chicle que mis mandíbulas no podían procesar) y recogí otra vez mi campamento.

SEGUNDO DÍA: SERRA D’ESPADÀ Y SERRA CALDERONA

Ahora había que dosificarse: buscaría una cafetería para alegrarme el día con un café con leche caliente y un croissant e intentaría pasar sin destruirme demasiado la Serra d'Espadà. En Onda, CP5 km 500, desayuné, fui al baño y me unté el culotte con vaselina otra vez antes de adentrarme en el paraíso ciclista; Veo, Alcúdia de Veo, Aín, el mítico puerto de Eslida, Chóvar, Azuébar,... Quien no conozca esa sierra, se pierde unos puertos maravillosos rodeados de montes rojos de rodeno, espectaculares bosques de alcornoques, fuentes y nacimientos de agua en cada umbría,... Disfruté mucho de ese paisaje y de los centenares de ciclistas que vi, agrupados en grandes grupetas, dispuestos a subir puertos y disfrutar de un buen almuerzo culminado con un carajillo de ron quemado.

Había soñado con cuadrar una parada en Casa Paquita, mítico bar ciclista y de renombrados carajillos (cremaet en València). Mi colega Aleix, que bajó de Tarragona para la prueba, también soñaba con ello, aunque por desgracia tuvo que retirarse mucho antes por problemas mecánicos. Al final pasé por Eslida pero no me convenía parar y seguí; tras subir ese puerto, que es duro y bonito a partes iguales, tenía un buen rato de bajada y llaneo hasta la última sierra que debíamos cruzar antes de alcanzar de nuevo l'Horta de València.

El último puerto fue el de el del Oronet, en la Serra Calderona, que es la predilecta para los ciclistas de la capital valenciana. Allí ya hacía bastante calor y llevaba 550 kms en las piernas, pero no es duro y pronto llegué arriba. Pasábamos por Serra, Nàquera y ya más abajo Bétera; no quedaba ya nada que subir y lo di todo para llegar lo más rápido posible a meta. Por el camino tuve la sorpresa de encontrarme con Josep y Alejandro, amigos que he hecho en otras ediciones de Graval que habían venido pedaleando a verme; me acompañaron un rato y me animaron mucho para el último empujón.

La entrada a las ciudades siempre es tediosa y desesperante. Después de venir de las montañas de Teruel, cualquiera se alegra de ir entre coches y semáforos... Por fin llegué frente a las Torres de Serrans, espectacular puerta de entrada a Ciutat Vella, el núcleo histórico de la ciudad. Sólo tuve que pedalear unos pocos kilómetros por el carril bici del lecho del Túria, entre árboles y turistas para alcanzar la meta donde me esperaban Andrei y Giulia con un abrazo y una lata fresca de Túria. Al final llegué el quinto, tras dos suizos, Alberto, un español que se estrenaba en la ultradistancia y un francés, con un tiempo de 31 horas y tras haber recorrido 600 km y 11500 m+.

Al final acabé sorprendido y muy contento con la experiencia y con mi rendimiento. Eso me motivó a seguir entrenando y disfrutando de la bici para poder completar la siguiente aventura que tenía en octubre, la Graval Extrem que iba a hacer con mi entrenador y amigo Germán.

Os animo a conocer Graval (www.graval.cc) y a participar en alguna de sus pruebas, donde siempre hay muy buen rollo, recorridos bien seleccionados y unos organizadores que ponen todo su cariño en organizarlas.

¡Nos vemos en las montañas!

Fotos: @javier.lopezph / @graval.cc / @camins.maestrat


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